Cada noche subo la Gran Vía para ir a trabajar. Me bajo en Plaza de España y subo hasta el número 32. El paseo se agradece en las noches de verano aunque en muchos casos el calor sigue presente como una extraña nube que se pega a las paredes y ahoga levemente el cuello.
Es el corazón de Madrid. La calle de los musicales -como algunos la llaman- o la de las terrazas, donde otros tantos pasan las horas muertas. No todo son alegría y luces. Entre las sombras de la noche y las de nuestra ignorancia se agolpan los mendigos, los borrachos, las putas y los yonkis. Es la otra cara de la Gran Vía. Las calles paralelas. Las voces que sólo se oyen desde una esquina un tanto difusa.
Sigue el recorrido. Llego a los cines. Los últimos estrenos de la semana en grandes carteles que abren ventanas a otros mundos en medio de la gran ciudad. Hace no tanto tiempo algunos estaban pintados. En ocasiones, con suerte, hay un estreno de alfombra roja que intenta parecerse, sin demasiado éxito, al glamour de Hollywood.
Sigo subiendo y llego al Palacio de la Prensa. Sede del diario gratuíto 20 Minutos, discoteca, cine y todo lo que quieras más. La Plaza de Callao. No tiene absolutamente nada. El segundo tramo de la Gran Vía. Hoteles. Algún restaurante de comida rápida. Tiendas cerradas. Más clubs nocturnos. Un edificio blanco. Ya he llegado. Ascensor. Desaparezco.
Señores y señoras, la radio. Desde hace unos días trabajo en la Cadena SER. Se trata de un sueño hecho realidad ya que la SER es otro mundo. Subí por vez primera a Gran Vía 32 cuando tenía 17 años. Acababa de empezar a trabajar en la radio local donde hemos gestado tantas ilusiones. No puedo olvidarme de ello. Subir a la octava planta de ese edificio, desde donde se ve todo Madrid, era como descubrir la cortina que tapaba lo que había detrás del altavoz que tantos años ha sonado en mi vida.
Son tantos los sonidos: el pitido en morse del gol de carrusel, el despertador del Hoy por Hoy, la voz acompasada de Iñaki Gabilondo, el último abrazo antes de acostarse de De la Morena, la antigua sintonía de A Vivir que son Dos Días... La SER tiene algo de especial. Algo más allá de un trabajo mal pagado, de un horario desagradecido o de unas ojeras ganadas a pulso.
Deben ser los cortavientos amarillos o la emoción de cuando se abre el micro y tienes que hablar. Tal vez es el famoso gusanillo que asoma por algún lado del estómago cuando enfilas el camino del estudio. Nada de lo que hayas hecho hasta el momento vale. Ahí es buena hasta la que habla del tiempo. Algunos hablan de modular la voz, otros de leer más despacio, acompasado, tono melódico y cantarín, entonación SER...
En definitiva, muchas sensaciones y detalles que contar del otro lado de la radio. Sin embargo, aunque ya tendremos tiempo de explayarnos, no quiero dejar de contar a modo de cierre una de las cosas que más me llamaron la atención de mi primera visita a la SER años atrás. En el estudio principal, al fondo, hay un pequeño escenario con un piano y una pancarta. Ahora pone en ella "un paso por delante". Hace años el lema me parecía más fresco para el visitante. Simplemente decía: Señores y señoras, la radio.
Ciento cuarenta y tres páginas de una asignatura llamada derecho dan para muchas reflexiones. Yo no tengo mucha madera para estas cosas y llega un punto en que todas las leyes me dan un poco igual. Vamos, que por momentos yo exculparía a Farruquito y a Julián Muñoz con tal de no leerme semejante tostón.
Son los últimos días del último curso de mi carrera. ¿Y después? Dios dirá y si no dice, pues también. Hoy ha sido el último día de clase en la universidad y, por motivos de nostalgia o no sé muy bien el qué, se me ha quedado una cara un poco rara. Que ya he terminado la carrera. ¡Y yo que pensaba que sólo habían pasado tres suspiros desde aquel caluroso lunes de julio de selectividad!
¡Cómo te puede cambiar la vida en apenas cinco años! ¡Cuántas cosas aprendidas y qué manera de crecer! ¡Cuántas horas pasadas inventando trabajos, aprendiendo a usar aquel programa sin sentido, corrigiendo hasta la enésima aquella frase o rodeado de fotocopias. Esto no se ha terminado. Por delante hay ciento cuarenta y tres páginas de derecho de la información y alguna que otra asignatura más.
Sin embargo, aunque no suelo ser muy dado a este tipo de posts, quiero dedicar estas palabras a todos los compañeros de la carrera que, pese a tener cada uno nuestras peculiaridades, me han hecho compañía en las largas horas de vida de estudiante. A todos vosotros: Dani, Carol, Pablo, Borja, Rober, Lourdes, Lucía, David, Inés, Paula, María, Susana...
Dicho está. Ahora sólo quedan por delante ciento cuarenta y tres páginas de una asignatura llamada derecho.
Once años han pasado y con paso firme volvemos a Europa. El Atlético de Madrid vuelve a la Champions (o al menos a la fase previa de ésta). Ya es un paso.
Qué quieren que les diga, a mí la musiquita de "ta ti tiroriiiii... The Champioooons" me pone y mucho. Me pone la piel de gallina, me pone contento, me pone ver a los equipos buenos de Europa, me pone el Manchester United, me pone pasear el rojo y el blanco por Europa, me pone la idea de sonreír con un gol en San Siro, me ponen los viajes por el viejo continente, me pone romper mi promesa y volver a ilusionarme con un equipo con el que me he jurado una y mil veces no volver a ilusionarme más.
Ha pasado mucho tiempo. Creo que por aquel entonces a mi ni siquiera me gustaba mucho el fútbol. Once años dicen los que echan mano de memoria y yo por aquel entonces que creo que ni usábamos Internet. Ha sido muy duro y muy complicado. Atrás queda aquella última jornada en la que Toledo -ex del Zaragoza- perdió la virginidad marcando dos goles que cerraron las puertas de la UEFA. Atrás van quedando años de miserias, de fichajes extravagantes, de llorar por las esquinas, de pensar en cómo fastidiar al vecino blanco.
Es 12 de mayo y hemos vuelto hace un rato del Vicente Calderón. El Atlético de Madrid ha ganado 1-0 al Deportivo de la Coruña y ha conseguido clasificarse para la fase previa de la Champions. El partido ha sido vibrante, sufrido como manda la tradición y al final algo ha resucitado en ese estadio. La gente volvió a cantar como en los primeros años del retorno a primera. La gente volvió a creer, a sonreír, a despedir una temporada con ilusión. La grada ha vuelto a silvar, aplaudir, jalear.
Somos del Atlético de Madrid, empeñados en recuperar una grandeza pasada que muchas veces he creído que son mitos de nuestros padres. Atrás deberían quedar los años de mirar con recelo al vecino (no comparto ni entiendo ni quiero entender al anti-madridista). Posiblemente muchos no entiendan lo que esto significa. Yo a veces tampoco lo comprendo pero echaba mucho de menos llevarme una alegría con este equipo. Solo eso. No quiero más. No hemos ganado la liga. No hemos ganado la UEFA. Seguimos teniendo a jugadores muy malos. Pero que nos quiten lo bailado. La Champions me pone.
Once años han pasado. Apenas me da la memoria. Once años y con paso firme parece que volvemos a Europa.
Casi un año y dos meses después me reafirmo en lo que dije: 'vivo cantando' y cada semana encuentro nuevas canciones que mejoran las de la anterior. La cuestión es que hace varios días un buen amigo mío me preguntó así, sin más, sobre cuál sería la canción que me gustaría que me pusieran el día de mi entierro. La pregunta, macabradas aparte, se las trae y el caso es que me dio qué pensar.
¿Qué canción pondría en mi entierro? Sólo una canción para despedirse... Total, tampoco creo que la fuera a escuchar porque si es mi entierro digo yo que estaré muerto. Sí, pero ¿qué canción resumiría toda una vida? Nada, nada, que este amigo con esa pregunta ha hecho que ya le esté dando vueltas a la cabeza y haya abierto hasta en tres ocasiones la carpeta de 'mi música' para echar un ojo a ver qué me convence más.
Esto no es como el que elige un par de zapatos o la corbata que se va a poner en fin de año. Ni siquiera puede compararse a la elección del mejor ordenador en la tienda de informática. Aqui no hay ticket, tampoco atención al cliente ya que no se compra ni se vende absolutamente nada (derechos de autor aparte que la cosa está muy malita y son capaces de llegar al funeral con el canon en la mano).
Una canción para un funeral como un anillo para gobernarlos a todos. No vale salir por la tangente y decir eso de que sería imposible elegir una sola canción o que en los funerales no se pone música. Esta que me gustaba tanto de pequeño; mejor la que me recuerda a este momento; tal vez aquella en la que no paraba de repetir el estribillo... No hay manera, resulta casi imposible elegir sobre el resto una sola canción.
Y así llevo varios días. Creo que he acotado la elección a unas pocas entre las que están Eric Clapton o Tom Waits. Supongo que la semana que viene añadiría unas pocas más en lo que empieza a convertirse en "el disco de mi vida" más que en "canción de funeral". De cualquier forma este experimento me ha servido para darme cuenta de que casi un año y dos meses después me reafirmo en lo que dije: 'vivo cantando'.
Nueve y veinticinco de la noche del 10 de abril de 2008. Todo Madrid y algo más de media España ha debido dar un salto frente al televisor. Cosmin Contra recibe un balón en banda derecha, se va de tres alemanes y desde la frontal del área dispara a la portería defendida por el viejo Khan. Los años pesan para el portero y el balón besa la red con rabia contenida. El Getafe CF está cerca de las semifinales de Copa de la UEFA eliminando al gigante Bayern de Munich.
En ese momento salto del sillón con los brazos en alto, me abrazo con mi padre, también le doy una palmada en la espalda a mi hermano y en la calle se oye una garganta que mañana estará afónica. Es la grandeza del fútbol. La posibilidad remota que se da una vez cada un millón de que el pequeño venza al grande; de que los periódicos vuelvan a desempolvar el titular de "David contra Goliat"; de que soñar deje de ser algo exclusivo de unos pocos.
La noche empieza bien. Luego se volverá más triste. A dos minutos del final esa flor alemana, que no me atrevo a decir muy bien dónde la tienen clavada, ilumina al francés Ribery y, como ya hizo en el último mundial, nos vuelve a hundir las ilusiones en un momento. Prórroga. "Están cansados y no van a poder aguantar el ritmo". El Getafe marca dos goles casi consecutivos. Alegría, euforia, son los más grandes. No soy de Getafe pero olé sus... A cinco minutos del final vuelve a aparecer la fortuna alemana. Esta vez ilumina al arlequín Luca Toni que manda callar a las gradas del Coliseo.
Me he prometido una y mil veces que no voy a sufrir con el fútbol. Esta vez no he podido. ¡Lo del Getafe es muy grande! Para quitarse el sombrero y aplaudir. El fútbol es injusto en ocasiones pero tal vez esa imposibilidad de predecir un resultado haga su grandeza. El Getafe también ha traído recuerdos de ese Rayo Vallecano, hoy perdido en la Segunda División B que hace años paseó por Europa, o de ese Deportivo Alavés que cayó frente al Liverpool haciendo historia. El Bayern también los trae, nunca se cerrará la herida de aquella Copa de Europa perdida por el Atlético de Madrid aquel 15 de mayo del 74 en los últimos segundos.
La noche del 10 de abril de 2008 me fui a la cama con cierto malestar. No soy del Getafe pero tengo mucha simpatía por ese equipo y creo que sufrió uno de los peores castigos que el fútbol te puede devolver. Los días han ido pasando y las ideas han ido reposando. El Getafe puede hacer historia el próximo miércoles ganando al Valencia en la final de la Copa del Rey. Tal vez el fútbol se lo deba, aunque está visto que éste no entiende de deudas. Por ser injusto e impredecible, tal vez por eso hay que decir: ¡Qué grande es el fútbol!
Con estas palabras finaliza la serie "Star Trek: Enterprise", sin duda una de las series más logradas que se han podido producir sobre la mítica saga galáctica que desde 1966 acercó el universo a los televisores de todo el mundo.
Atrás quedan cuatro temporadas de, aproximadamente, 22 capítulos cada una que volvieron a desempolvar las orejas de vulcano, los teletransportadores o la mítica nave Enterprise entre otras características propias del mundo trekie.
Star Trek: Enterprise no fue una apuesta fácil a la vista de los desastrosos resultados de audiencia que experimentaron las últimas temporadas del precedente televisivo: "Star Trek: The New Generation", "Voyager" o "Deep Space Nine". Sin embargo la decadencia del fenómeno Star Trek viene de lejos, concretamente desde 1982, momento en que salió a la luz el segundo largometraje de la saga "La Ira de Khan".
Los siguientes largometrajes producidos entre 1984 y 2002 han recibido distinta acogida del público en las salas pero nunca volvieron a tener la proyección que prometía la serie original (aquella de uniformes rojos, amarillos y azules y tres temporadas entre 1966 y 1969 que pegaron al público a sus pantallas). Tal fue el éxito de "Star Trek: The Original Series" que el nombre de una de las primeras lanzaderas de la NASA reza "Enterprise" en su fuselaje.
Habrá gente que considere Star Trek como un producto acabado, un fracaso, algo friki o tantos otros tópicos que se asocian de forma indiscriminada y desigual a multitud de películas de ciencia ficción. Al césar lo que es del césar y a Star Trek sería injusto no reconocerle el mérito de abrir una puerta a la ciencia ficción al espectador televisivo mucho antes que los Darth Vader y compañía llegaran con sus sables láser.
Star Trek hoy vive de sombras de su pasado. Es un recuerdo en la retina como lo fue King Kong o el Drácula de Bela Lugosi y los intentos de revisión contemporáneos no superan el original muy a pesar de lo que muchos digan. Se anuncia que en las próximas navidades llegará a las pantallas de EEUU una nueva película dirigida por JJ Abrams, productor de Lost. El trailer tiene buena pinta http://www.imdb.com/video/trailer/me703165651/ pero los precedentes no avalan demasiado para esperar una gran película.
Star Trek Enterprise es el último intento de llevar a la pequeña pantalla los personajes de orejas puntiagudas. Supone la enésima reinvención de un producto que, como todo antes o después, acaba por agotarse. Sin embargo siempre habrá dos momentos que no me canso de ver y que quedarán grabados especialmente en mi memoria sobre esta saga.
El primero se sitúa en el final de la película "Aquel País Desconocido" de 1991 cuando la Entreprise, completamente destrozada tras una batalla, vuelve a casa en su último viaje. Considero que es el cierre del ciclo más brillante de Star Trek.
El segundo es el último capítulo de la cuarta temporada de "Star Trek: Enterprise" titulado "Estos son los viajes", mítica frase de cabecera de la serie. Al final del todo se hace un collage de imágenes de las distintas sagas de la firma trekie. Considero que es el final de una serie que ha acompañado a generaciones de espectadores y que supone un punto y aparte dentro del universo Star Trek. Nadie sabe qué llegará ahora pero nunca volverá a ser como antes. Este capítulo está cerrado. Y la voz del capitán Archer recuerda en tono solemne el himno que siempre ha representado a la serie. Las palabras suenan a despedida mientras el Enterprise se pierde en el horizonte.
Ya van dos veces que voy al musical Hoy No Me Puedo Levantar y la verdad es que cada vez me gusta más. De la amplia discografía de Mecano me quedo con la canción de La Fuerza del Destino aunque hay otras que me gustan bastante.
Creo que el musical no es nada del otro mundo. La historia en algunos momentos se hace pesada y dependiendo de cuando vayas la actriz protagonista puede ser un poco desastre en la interpretación.
Sin embargo hay algo que tiene. Tal vez sea una puerta abierta al pasado que todos hemos conocido y que de vez en cuando nos gusta rescatar. Es la década de los 80, Mecano sonando, la movida que nos pilló pequeños, Almodovar trasgrediendo, un Renault 5 que tenía tu padre o los horribles peinados que sacaban las actrices de Hollywood en las películas.
Son los años 80, una época de la que los recuerdos llegan borrosos desde la infancia y en la cabeza sólo queda un collage de cosas vividas. Sin embargo siempre acaba saliendo una buena conversación sobre los dibujos animados del momento, las canciones de parchís o lo que daban de sí cinco duros al comprar regalices rojos.
Hoy No Me Puedo Levantar no es un gran musical. Hay escenas que a mi gusto son muy buenas pero esto no es más que una opinión de una persona que ni es ni pretende ser crítico. Sin embargo he ido dos veces y a cada cual he cantado más durante las casi cuatro horas que dura el espectáculo.
Un Año Más, No es Serio Este Cementerio, Maquillaje, Me Colé en una Fiesta... Son algunas de las canciones que más me gustan de Mecano. Sin embargo para mi siempre quedará ese "Quiero estar junto a tí" de La Fuerza del Destino. Cada vez que lo pienso, es escuchar el Uohh oh oh ohhhhh Uohh oh oh ohhhhh y...
Así calificaría la ciudad de Málaga en pocas palabras. El paraíso urbano donde emigrar cuando no tienes pueblo donde ir y el cuerpo pide salir de la rutina de la gran ciudad.
Málaga es una ciudad que visito desde mis primeros pasos. A lo largo del tiempo, y en especial en los últimos años, ha cambiado mucho. Sin embargo el olor a mar, pescado y sal se te pega en la piel en cuanto la ves asomar al pasar los montes malacitanos que la rodean.
Mil recuerdos bañan la memoria. De cuando éramos unos chiquillos y correteábamos por la alameda. También la calle Larios y la subida al castillo de La Alcazaba impregnada por el olor al jazmín. Desde entonces un olor que siempre me recuerda a la ciudad.
No me olvidaré nunca de las playas de arena oscura o de los hierros de la vieja estación de trenes -hoy reconvertida en un gran centro comercial- donde pasaba las horas muertas mirar las máquinas pasar y los talgos ir y venir de un lado a otro.
No puedo dejar de recordar el puerto y lugares como El Tintero y sus peculiares camareros subastando las raciones de pescado. Tampoco la feria de agosto, la alegría de unas buenas sevillanas y los amaneceres regados con manzanilla.
Málaga es la ciudad de la luz, de mis recuerdos. El lugar al que escapo ya que no tengo pueblo por ser de Madrid de pura cepa. El lugar al que retirarse en el momento en el que el corazón lo anhela.
Para el que no lo conozca no puedo hacer otra cosa que recomendarle visitar la ciudad. También perderse por sus calles de noche. Y también me gustaría pedirles un favor a los que vayan, si pasan por la el parque de La Alameda no olviden dar recuerdos al Burro de Bronce. Él lo entenderá.
Y como dice el himno del Málaga CF: Málaga, la bombonera, flor de la Costa del Sol... Para mí, simplemente, un lugar donde perderme.
Guerra o la cruda realidad africana. Estos son los temas que suelen tener mayor éxito en el galardón de fotografía de World Press.
No sé demasiado de fotografía; sin embargo cada vez que salen estas fotos me quedo embobado mirándolas. Son varios ejemplos de cruda realidad que vienen a tomar el pulso al mundo en el que vivimos.
Este año la imagen de un soldado norteamericano exhausto en un búnker en Afganistán del británico Tim Hethrington ha recibido el reconocido premio de fotografía World Press Photo. Se trata de una imagen que Hetherington publicó en la revista norteamericana Vanity Fair.
A mi la imagen no me parece la más significativa. Creo que hay otras que me llaman más la atención no sólo por su temática si no por su expresividad. En cualquier caso, el número completo de imágenes se pueden ver en http://www.worldpressphoto.org.
Algunas de estas imágenes resultan impactantes. Otras dicen poco. Lo que ha vivido y siente cada uno influye en el juicio. Sin embargo me quedo con una frase que me dijo esta semana un buen amigo mío: son ventanas a una realidad que muchas veces no queremos ver.
La verdad es que tiene parte de razón. Otras veces hay imágenes alegres, sí, pero tristemente la guerra y la cruda realidad africana son los temas que suelen tener mayor éxito en el galardón de fotografía World Press.
**Las imágenes, por orden corresponden a: Bailarines callejeros en París, un reportaje del francés Denis Darzacq, primer premio en Arte y Espectáculos; El primer lugar en la categoría Gente en las Noticias fue para el fotógrafo israelí Oded Balilty, de Associated Press, por su imagen de una colona resistiendo contra agentes israelíes en Amona , Cisjordania, en febrero; Una imagen de la escuela deportiva Shichahai de Pekín. Le ha valido al italiano Lorenzo Cicconi Massi el tercer lugar en Estampas Deportivas.
Querido diario; He decidido cambiar algunas cosas en mi vida. Al principio pensaba que serían unas simples reformas como el que cambia las cañerías de casa o pone un nuevo suelo. Lo que pasa es que dejándome llevar por el afán reformista he cambiado unas cuantas más.
Qué quieres que te diga, el cuerpo llevaba tiempo pidiéndomelo y creo que estos cambios han sido y son para mejor. Yo al menos me siento muy feliz pese a ser época de exámenes. Ya sabes, esas cuatro semanas al año en las que ves pasar el sábado noche en casa.
Los exámenes también son un motivo para encontrar quince mil distracciones. Los libros que antes no leías ahora te parecen una buena propuesta. Entre página y página de apuntes un capítulo de alguna serie que Fernando y Susana me pasaron y aún no he caído en ver.
Y ahora que hablo de series, qué pasará con la cuarta temporada de Perdidos. ¿Cuándo saldrá en Estados Unidos. Lucía me ha dicho que tenemos que descargarnos los capítulos pero me parece a mí que la huelga de guionistas va a retrasar todas las series.
Un segundo, por favor. Era Alex que llamaba para preguntarme si sería bueno apostar por el Real Madrid y al final hemos acabado hablando de lo que vamos a hacer en unos días cuando acaben los exámenes. Queremos montarnos un viajecillo aunque hay que ver fechas.
Y ahora que hablamos de viajes... Se lo tengo que comentar a Rubén y a Carlos mientras salimos a tomarnos algo a ver qué les parece. De Pilar ya no te cuento... Estará escuchando la música celestial del amor y quién sabe qué dirá.
Y ahora que dices de música, he abierto tres veces la carpeta de "mi música" y ya me he revisado todas las canciones que había ahí. Por supuesto me acompañan otras nuevas. Esta semana me quedo con Closer del grupo Travis.
Los exámenes son mortíferos, capaces de aburrir a las setas. Hoy ha llegado a tal mi estado que he encontrado fotos curiosas para el PC. ¡Hasta había una de un oso en la ducha! Y yo no sé qué pasa que todo distrae con facilidad.
Y ahora que hablamos de distracciones, querido diario...
No nos damos cuenta, en muchas ocasiones, de la luz propia que desprendemos. En medio del océano; un barquito pequeño; marineros sin norte; marea creciente; cielo sin estrellas; viento sin velas; huracán; olas que infunden respeto; siembra la duda; crece el temor. Tal vez no vuelva a ver amanecer mañana. Todo se diluye en la oscuridad.
Apareces tú. Un tronco que flota al que agarrarse; un motivo para alzar la vista; puede haber horizonte; tal vez una estrella; el barco es pequeño pero fuerte; viento a favor; un posible rumbo; velas alzadas; sin temor, adelante; océano pacífico. Mañana será un gran día. Brillamos en medio de la oscuridad.
Todo se funde. De repente somos agua; somos viento; somos barco; somos como corsarios navegando por los dos mares de luz y oscuridad. Cruzamos de uno a otro a través de cascadas de claroscuro inventándonos a nosotros mismos en cada viaje. Somos luz. Somos sombra. En silencio navegamos con la brisa.
Creo que no me gustan demasiado las navidades. Cuando dices esto la gente te mira raro y siempre abren mucho los ojos y te dice un sonoro "por qué, si es una época genial, a mi me gustan porque...". Los próximos diez minutos serán una retahíla de cosas de lo maravillosa que es la navidad y todo lo que nos rodea.
No me gusta demasiado la navidad. En ocasiones me parece una excusa barata para ser feliz por obligación; en otras todo el rollo ese de la sociedad de consumo me mosquea y tanto sentimentalismo por todos lados me acaba poniendo de los nervios. Pero debo reconocerlo, al final todo es mentira.
Me encanta llegar a casa y poner aquel CD de villancicos en el que cantan Sinatra y Crosby. Cuando empiezan a cantar "White Christmas" o "Silent Night" ya llegan chorros de aire caliente en pleno invierno. Luego el "It´s Begining to Look a Lot Like Christmas" me recuerda que en la calle deben estar los amigos esperando para ir a cenar. La navidad es una excusa para verte de una vez por todas ya que el resto del año no lo hicimos.
Con el "Santa Claus is Coming to Town" en las orejas vamos paseando por el centro de Madrid. Por ese mercadillo de la Plaza Mayor que no conocías y tanto te acaba gustando. La gente se mueve como loca y, aunque una y mil veces dices que es un mogollón, sabes que es parte del espíritu navideño. Y sonríes.
Suena el "Jingle Bells" y te ves con muchas bolsas en las manos. No querías comprar nada pero al final te acordaste de unos y otros. Por qué no. Una vez al año no hace daño. Además has comprado esas bolas de rojo y oro brillantes para el árbol. No pensabas ponerlo. De hecho sabes que el día 7 te arrepentirás al ver que hay que recogerlo. Pero una casa sin árbol de navidad es como un fin de año sin champagne.
En Nochevieja al ritmo de "I´ll Be Home for Christmas" te mirarás quince veces en el espejo para ver si todo está perfecto. Y por qué no es un buen día para abrir estrenar esa colonia que te regalaron hace dos meses. Cambio de canción; Una más animada: "Let it Snow Let it Snow Let it Snow". Diez, Once, Doce... uvas en el vaso... ¿y si las pelo y le quito los pipos para que pueda tomármelas todas bien rápido?
Y "It Came Upon a Midnight Clear" para recordar a los que no están ya y para hacer un balance de todo el año y mirar una vez más por la ventana a esa persona que pasa por la calle. Bajas a la cabalgata y peleas con los niños cada caramelo. A la mañana siguiente te mueres de ganas por llegar al árbol de navidad y ver qué está por ahí con tu nombre. Y, de repente, me doy cuenta de que parece que las navidades no son tan malas como creía.
Siguen sin gustarme. No me convencen. Creo que nos engañan un poco para ser felices por obligación. Pero, como antes dije, una vez al año no hace daño. Tal vez no deberían llamarse navidades. Un nombre tipo "Happy Month" estaría bien. Tal vez las navidades acaben siendo una excusa para ser un poco más felices.
A ti, que eres un@ de esas seiscientas personas que han leído estos cuadernos:
Hace ya poco más de un año que puse en marcha este blog. En todo este tiempo ha habido momentos de gran producción y otros de escasez de ideas. En cualquier caso siempre queda ahí, en mi pensamiento, el contarte algo curioso que sin mayor o menor trascendencia me ha ocurrido o creo que resulta interesante. Muchas veces estoy hablando de cualquier tema y acabo diciendo un "vaya, esto es algo de lo que escribir un día".
Hace tiempo decidí enterarme de cómo funciona eso de los contadores de visitas en páginas web. Debo reconocer que mi idea de códigos html y demás es más bien escasa pero, finalmente, conseguí instalar un contador de visitas en el blog. El otro día miré de nuevo y vi que por este blog han pasado 600 personas distintas. Tal vez conozca a diez o veinte, el resto no tengo ni idea de quiénes son y para todos va este post.
La mayoría de visitantes son de España; En concreto 567 del total. Después ya vienen diez visitantes suecos, seis portugueses, cinco de EEUU, dos venezolanos, y el resto canadienses, ingleses, mejicanos, chilenos, alemanes...
Es posible que tú estés entre esas seiscientas personas o formes parte de las seiscientas nuevas que supongo, llegarán algún día. En este post de entretiempo quiero recordar la frase que abría este blog y que, creo, sigue albergando el fin de estas palabras: 'Estos son los cuadernos en un viaje que no recuerdo a ciencia cierta dónde comenzó y, por supuesto, no se dónde acabará...'
Un fuerte abrazo a ti, que eres un@ de esas seiscientas personas que han leído estos cuadernos...
Suena a coña, y más si lo dice un chico, pero recientemente he tenido un divorcio con mi peluquero. Todo sucedió en un día que fui a mi peluquería habitual regentada por una colombiana que creo que se llama Rosi o algo así. Cada mes desfilan multitud de nuevos peluqueros cada cual más raro. Algunos llevan faldas, otros se tiñen de violeta y algunos se ponen exceso de sombra de ojos. Esos suelen ser para las mujeres. Para los hombres suele haber siempre un mexicano que debe tener el record mundial en corte de pelo veloz ya que en diez minutos te deja cortado, afeitado, lavado y peinado.
La última vez que fui a mi peluquería no estaba el mexicano y me atendió 'el nuevo' así le llamaban sus compañeros. Todo fue bien salvo por el momento de llegar a casa, lavarse el pelo y ver que cada lado de la cabeza tenía un corte a distinto tamaño. Desde ese momento mi relación con la peluquería entró en crisis y, como el amor, la llama se apagó.
El pelo volvió a crecer -no mucho, pero la cuestión es que no me gusta demasiado eso de peinarme- y había que buscar nuevas soluciones y nuevos peluqueros. Cogí el coche y me dispuse a patrullar el barrio en busca de nuevas peluquerías. Ahí me volví a dar cuenta de que nunca se valora lo que se tiene hasta que se pierde. Llongueras por aquí, Jofer por allá, Marco Aldani, Espejos...
Nada coherente para un simple corte de pelo a maquinilla y rematado a tijera en el que no quieres dejarte más de 15 euros. En esos momentos piensas en por qué tu madre o tu abuela no son como aquellas del anuncio de la tele-maquinilla que cortaban el pelo en casa sin complicación alguna. La desesperación se va apoderando de uno con poca paciencia para estas cosas y al final, como si fuera un tronco en mitad del océano, aparece una peluquería de caballeros.
Llamo a la puerta. No hay cola. "Enseguida le atiendo que estoy terminando con este señor" me dice un peluquero de espaldas al fondo del local. No hay revistas del corazón encima de la mesa, está el MARCA y el ABC. Empieza el corte. Veinticinco minutos con las patillas. ¡Qué cosas!. Unas gotas de no sé qué por aquí, una máquina súper extraña que parece no hacer nada por allá, masajes con loción y el peluquero que no deja de mirar a ras de pelo si eso está quedando bien. ¡Menudo cambio!
El problema llega al terminar. Cuarenta euros tienen la culpa y la tarjeta echando humo. Luego me dijeron que era una cadena de peluquerías para hombre que participa en desfiles de Milán. No es consuelo. Y es en aquellos momentos cuando con una cara de tonto, cuarenta euros menos y unas patillas "divinas" recuerdas a aquel peluquero mexicano que al menos no te hace perder una hora y, más o menos, te lo deja igual.
Y es que, al final, es muy chungo esto de quedarse sin peluquero...
Debo reconocer que cuando me la regaló mi amiga Pilar por mi pasado cumpleaños no tenía muy claro si me iba a gustar. Sí, había oído hablar de ella a varias personas. En concreto sabía que era muy liosa y que a la gente o le gustaba mucho o más bien poco.
No voy a contar la película. Merece la pena verla. Pero simplemente me gustaría recordar el final cuando nieva sobre la ciudad y la cámara en plano cenital se aleja poco a poco (desde la cabeza de los personajes hasta perderse por el cielo del que empiezan a caer los primeros copos de nieve). Mientras, la gente está discutiendo abajo entre el bullicio de la gran ciudad.
No soy un experto en simbología cinematográfica ni lo quiero ser. Me gusta esa escena porque creo que representa la idea de que la nieve cubre todo lo malo y por un rato lo borra. Luego el sol ya se encargará de devolver la realidad pero, qué quieren que les diga, la nieve siempre es algo exótico para un madrileño del norte del manzanares.
Mucho más exótico aun debe ser ver nevar en una gran ciudad norteamericana -como es el caso de la última escena de CRASH. Eso ya es la pera (limonera si quieren). Me gusta el plano mientras se aleja la cámara del suelo y también la canción que suena en ese momento. Se llama "Maybe Tomorrow" y la canta un grupo conocido por el nombre de 'Stereophonics'. Un tema normalito, no conocido y que posiblemente pase tan desapercibido como tantas otras canciones. A mi me gusta. De hecho, me gusta mucho y, aunque a veces no sé muy bien el por qué, me encanta el final de la película CRASH.
Supongo que resulta inevitable para muchos de nosotros agarrarse a los recuerdos como único anhelo de un tiempo pasado. Encontrar aquel álbum de fotos que estaba escondido bajo la cama o pasaba desapercibido por la estantería de cualquier habitación.
Los recuerdos provocan lágrimas. También sonrisas. En algunas personas abundan y en otras escasean. Depende de la edad y a veces ni siquiera de eso pues el más viejo puede no recordar. Los recuerdos podrían ser una variable contraria a los pelos de la cabeza. El que tiene poco pelo es porque ya va guardando muchos recuerdos y al que no le afecta la alopecia el tiempo le ha dado poco margen para recordar.
Los recuerdos son un lastre en muchas ocasiones. Son, como te dije aquel día, un ancla que todos arrastramos por nuestro camino. Algunas veces es un peso ligero y reluciente y la mostramos con alegría a los demás. Otras veces nos come por dentro como si de chinches se trataran y su color es oxidado, prueba de que el barco no está en su mejor momento.
Hay recuerdos imborrables y otros tantos que se meten en una caja al fondo del armario para empujarlos a un olvido improvisado que haga sentir un poco mejor. Ahora que lo pienso, ¡cuánta historia puede tener por dentro un armario!
Me gustaría terminar de reflejar todas las reflexiones de esta tarde soleada de lunes de otoño con una imagen. No sé si de recuerdos o de olvido. No sé qué saldrá cuando ponga en "buscar imágenes" la palabra olvido... (...)
...Ahora ya lo sé. He estado buscando y no he encontrado nada que reflejara lo que quería expresar así que, simplemente, tomaré una imagen de una playa de Almería que el ecologista Jaime del Val denomina "Playa del Olvido". Definitivamente es lo más parecido a lo que yo quería decir cuando hablaba del recuerdo: único anhelo de un tiempo pasado.
Eso es lo que debía estar pensando el ciego estonio que conducía borracho la noche del 12 de agosto. El invidente hacía caso a tres amigos (también borrachos) que le iban guiando por la carretera. ¡Qué estragos hace el verano!
38 grados al sol. No es de los días más calurosos. Está cansado de beber agua pero quiere quitarse la sequedad de su garganta. Persiana medio bajada y el ventilador gira que te gira. Tumbado, mirando en el techo la marca de la sangre del mosquito que aplastó la noche anterior. Todas las noches hay cacería furtiva antes de dormir. La ley de cazar o ser cazado y arrepentirse de ello al despertar.
En la rendija de ventana que queda al sol se ve la calle. A lo lejos la francotiradora. La vieja candona a la que le pusieron ese apodo por pasarse la vida en el balcón. Cuando alguien pasaba por debajo miraba con cara de pocos amigos y alguna que otra vez insultaba desde su púlpito. Nunca ha llegado a entender el atractivo de ver pasar las horas muertas desde el pequeño balcón entre plantas.
Pasa otra página del diario. Esta vez las noticias hablan del pequeño Patrick Devine que en un viaje a Senegal enseñó las posaderas al embajador de la ciudad de San Luis y por ello piden tres semanas de carcel para el irlandés. Sonríe. Pasa un mosquito. Se posa en la pared. Se queda mirándolo. No es hora de caza pero no queda más remedio.
Deja el diario sobre la mesa junto a la botella medio vacía y el ventilador que sigue gira que te gira. Coge su zapatilla. Alarga el brazo y de certera estocada remata la faena. Ni cuernos ni orejas, una mancha más en la pared que ya desaparecerá cuando se vuelva a pintar. Suena el teléfono. Descuelga. Escucha atónito. Cuelga. Coge el arma. Se suicida.
Vuelve a despertar.
Masculla: "que nos quiten lo bailado. Eso es lo que debía estar pensando un ciego estonio..."
Definitivamente me convenzo, existe un extraño lenguaje en las gominolas previamente asumido entre los seres humanos.
No se trata de un lenguaje verbal y supongo que tampoco podría ser considerado no verbal. Posiblemente ni siquiera sea un lenguaje si no más bien una serie de leyes que tenemos entre los seres humanos y que están ahí, en algún lugar que algunos, de manera precipitada, no dudan en llamar subconsciente.
Mis reflexiones comenzaron en el momento en que instalaron la nueva máquina de comida en el piso de abajo de la radio. Llena de comida y, especialmente, de toda clase de caramelos, chucherías, gominolas y demás. En definitiva, las últimas semanas han sido un constante comer de ositos, ladrillos, labios, aros, fresas, palitos de regaliz, moras, huevos, letras, nubes...
Las gominolas tienen leyes. De eso no cabe duda. Son leyes de oferta y demanda. Las de más éxito son las rojas, aunque también tienen sus seguidores las blancas y las verdes... por cierto, ¿alguien me puede decir de qué sabor son las verdes?
Por contra la marginación se cierne sobre las amarillas y naranjas. A la gente no les gustan los ositos cítricos y eso queda demostrado porque siempre son los últimos supervivientes.
Y qué me dicen de los caramelos Sugus. Mis preferidos sin duda los azules y después los rojos. ¿Y los chicles? Crecimos mascando Boomer y hoy aquí estamos... si los Peta Zetas no han acabado con nosotros no sé qué podrá hacerlo.
De esta experiencia poco he podido sacar. Supongo que ya me las veré con mi dentista y que acabaremos pillándonos una indigestión. De lo que no me ha quedado duda es de que, definitivamente, existe un extraño lenguaje en las gominolas.
Cuentan las lenguas más viejas que al pie de una montaña vivían un leñador y su hijo. Una mañana el pequeño salió y oyó unos ruidos en la ladera. Se acercó y gritó:
- Holaaa
La montaña devolvió su saludo. Extrañado volvió a gritar:
- ¿Quién eres?
De nuevo recibió idéntica contestación. El niño, enfado, exclamó:
- ¡Sal de donde estés!. ¡Da la cara cobarde!
Extrañado, el padre salió de la casa y le preguntó por lo que sucedía. El niño se lo contó y el padre dirigiéndose hacia la montaña gritó:
- Amigooo
La montaña respondió ante la atónita mirada del niño. El padre continuó:
- Generoso - Leal - Sincero
Tras dirigir varias palabras a la montaña el padre se volvió al hijo y le dijo:
- El trato que des a los demás será el que los demás te darán a tí.
***Hace tiempo me contaron esta historia que sin ser nada del otro mundo a nivel narrativo pienso que refleja gran parte de lo que soy y muchos deben ser. Aqui he intentado recordarla y reproducirla lo mejor que he podido.
Periodista y estudiante de la Universidad Carlos III, apasionado de las series de ficción, de la comunicación digital y de la radio, presento mi nuevo blog sobre series.