Supongo que resulta inevitable para muchos de nosotros agarrarse a los recuerdos como único anhelo de un tiempo pasado. Encontrar aquel álbum de fotos que estaba escondido bajo la cama o pasaba desapercibido por la estantería de cualquier habitación.Los recuerdos provocan lágrimas. También sonrisas. En algunas personas abundan y en otras escasean. Depende de la edad y a veces ni siquiera de eso pues el más viejo puede no recordar. Los recuerdos podrían ser una variable contraria a los pelos de la cabeza. El que tiene poco pelo es porque ya va guardando muchos recuerdos y al que no le afecta la alopecia el tiempo le ha dado poco margen para recordar.
Los recuerdos son un lastre en muchas ocasiones. Son, como te dije aquel día, un ancla que todos arrastramos por nuestro camino. Algunas veces es un peso ligero y reluciente y la mostramos con alegría a los demás. Otras veces nos come por dentro como si de chinches se trataran y su color es oxidado, prueba de que el barco no está en su mejor momento.
Hay recuerdos imborrables y otros tantos que se meten en una caja al fondo del armario para empujarlos a un olvido improvisado que haga sentir un poco mejor. Ahora que lo pienso, ¡cuánta historia puede tener por dentro un armario!
Me gustaría terminar de reflejar todas las reflexiones de esta tarde soleada de lunes de otoño con una imagen. No sé si de recuerdos o de olvido. No sé qué saldrá cuando ponga en "buscar imágenes" la palabra olvido... (...)
...Ahora ya lo sé. He estado buscando y no he encontrado nada que reflejara lo que quería expresar así que, simplemente, tomaré una imagen de una playa de Almería que el ecologista Jaime del Val denomina "Playa del Olvido". Definitivamente es lo más parecido a lo que yo quería decir cuando hablaba del recuerdo: único anhelo de un tiempo pasado.
