Septiembre es un mes difícil, eso no lo duda nadie. Dicen que el retorno de vacaciones cada vez hace más estragos en la salud de la gente obligando a contratar ayuda psicológica para resolver estos problemas.
Las grandes ciudades han tomado conciencia del problema y, como se ha conocido esta semana, varias urbes europeas -entre las que está Madrid- han instalado cuadernos de notas gigantes en plena calle donde los viandantes escriben sus penas y anhelos posvacacionales.
Nunca llegué a saber muy bien el por qué pero cuando van llegando los primeros días de septiembre aparece un ambiente enrarecido. De pequeño recuerdo que ese malestar que parece estar en el aire venía al ver en la tele los famosos anuncios de la vuelta al cole. Ahora me doy cuenta de que existe porque cada día aparecen noticias del estilo "aumentan los divorcios tras las vacaciones", "cada día más personas sufre de stress posvacacional" o "un 45 por ciento de los veraneantes de playa ha sido infiel a su pareja".
Además de todo esto, septiembre se caracteriza por ser el mes del año (junto a enero) en el que aparecen y proliferan los fascículos coleccionables. Ese momento en el cual los kioscos pasan a ser chiringuitos de venta de todo tipo de cosas y el espacio real que ocupan en la calle aumenta considerablemente.
Zapatos de colección en miniatura; abanicos decorativos; la casa de muñecas mediterránea, asturiana y bohemia; el palacio de princesas; bomberos de época en plomo; coleccionables para construir el helicóptero teledirigido de sus sueños; maquetas de barcos, trenes y aviones; cursos de idiomas, pintura, cocina y costura; reediciones de Heidi y Marco, Verano Azul y Vacaciones en el mar... ¡Qué sería de septiembre sin el fasciculario renovado para la ocasión año tras año!
Debo confesar que soy de esas personas que en este mes se pasan por el kiosco y se paran a mirar. Busco esos chollos de pocos euros que harán mi vida maravillosa. Un día quiero aprender italiano en 70 fascículos y al siguiente el arte de la acuarela sin caballete en 20 cómodas lecciones. Tengo todas las figuras de plomo en su vitrina de madera y la casa de muñecas ha sido asediada desde hace tiempo por el gato. He aprendido y olvidado la técnica de los bailes de salón y me he emocionado con las mejores óperas mientras estudiaba cocina práctica y mi sobrina veía el capítulo 378 de la colección de Heidi y Marco.
Y aquí estamos: nuevo septiembre y nuevos motivos para encontrar una idea para hacer la vida maravillosa en cómodos fascículos, porque... piénsenlo, ¿qué sentido tendría obtener toda la felicidad de una vez pudiéndola obtener en 80 entregas? Septiembre es un mes que tendrá muchas cosas por las que llorar, pero señores, un aplauso para el inventor de la oferta de lanzamiento.
Y al final no comprendo si el ambiente enrarecido será por el empacho del curso de cocina rápida del año pasado o la colección de marcos del mundo que ha llenado las paredes de mi apartamento. Tal vez fue la última infusión que me preparé con mis enseñanzas de plantas medicinales o que he dejado de relacionarme con el resto de la gente después de construirme por piezas mi robot multifunciones.
Cada día es más complicado escoger qué reloj lucir dentro de mi amplia colección. Hoy he escogido aquel de piel marrón que salió con la tercera entrega para pasear por esta bonita ciudad del este de Europa desde la que escribo este cuaderno en viaje en mi intento de huida del septiembre que está al llegar. Todo iba bien hasta que encontré un bloc de notas junto a un buzón de correos en el que alguien escribió S.O.S I need Holidays.
Septiembre es un mes difícil, eso no lo duda nadie...
Las grandes ciudades han tomado conciencia del problema y, como se ha conocido esta semana, varias urbes europeas -entre las que está Madrid- han instalado cuadernos de notas gigantes en plena calle donde los viandantes escriben sus penas y anhelos posvacacionales.
Nunca llegué a saber muy bien el por qué pero cuando van llegando los primeros días de septiembre aparece un ambiente enrarecido. De pequeño recuerdo que ese malestar que parece estar en el aire venía al ver en la tele los famosos anuncios de la vuelta al cole. Ahora me doy cuenta de que existe porque cada día aparecen noticias del estilo "aumentan los divorcios tras las vacaciones", "cada día más personas sufre de stress posvacacional" o "un 45 por ciento de los veraneantes de playa ha sido infiel a su pareja".
Además de todo esto, septiembre se caracteriza por ser el mes del año (junto a enero) en el que aparecen y proliferan los fascículos coleccionables. Ese momento en el cual los kioscos pasan a ser chiringuitos de venta de todo tipo de cosas y el espacio real que ocupan en la calle aumenta considerablemente.
Zapatos de colección en miniatura; abanicos decorativos; la casa de muñecas mediterránea, asturiana y bohemia; el palacio de princesas; bomberos de época en plomo; coleccionables para construir el helicóptero teledirigido de sus sueños; maquetas de barcos, trenes y aviones; cursos de idiomas, pintura, cocina y costura; reediciones de Heidi y Marco, Verano Azul y Vacaciones en el mar... ¡Qué sería de septiembre sin el fasciculario renovado para la ocasión año tras año!
Debo confesar que soy de esas personas que en este mes se pasan por el kiosco y se paran a mirar. Busco esos chollos de pocos euros que harán mi vida maravillosa. Un día quiero aprender italiano en 70 fascículos y al siguiente el arte de la acuarela sin caballete en 20 cómodas lecciones. Tengo todas las figuras de plomo en su vitrina de madera y la casa de muñecas ha sido asediada desde hace tiempo por el gato. He aprendido y olvidado la técnica de los bailes de salón y me he emocionado con las mejores óperas mientras estudiaba cocina práctica y mi sobrina veía el capítulo 378 de la colección de Heidi y Marco.
Y aquí estamos: nuevo septiembre y nuevos motivos para encontrar una idea para hacer la vida maravillosa en cómodos fascículos, porque... piénsenlo, ¿qué sentido tendría obtener toda la felicidad de una vez pudiéndola obtener en 80 entregas? Septiembre es un mes que tendrá muchas cosas por las que llorar, pero señores, un aplauso para el inventor de la oferta de lanzamiento.
Y al final no comprendo si el ambiente enrarecido será por el empacho del curso de cocina rápida del año pasado o la colección de marcos del mundo que ha llenado las paredes de mi apartamento. Tal vez fue la última infusión que me preparé con mis enseñanzas de plantas medicinales o que he dejado de relacionarme con el resto de la gente después de construirme por piezas mi robot multifunciones.
Cada día es más complicado escoger qué reloj lucir dentro de mi amplia colección. Hoy he escogido aquel de piel marrón que salió con la tercera entrega para pasear por esta bonita ciudad del este de Europa desde la que escribo este cuaderno en viaje en mi intento de huida del septiembre que está al llegar. Todo iba bien hasta que encontré un bloc de notas junto a un buzón de correos en el que alguien escribió S.O.S I need Holidays.
Septiembre es un mes difícil, eso no lo duda nadie...


