miércoles, abril 28, 2010

Camino de Anfield

Mañana nos vamos a Liverpool, en concreto a Anfield Road, al lugar donde se encuentra uno de los estadios más míticos de Europa, el del club más laureado de Inglaterra. Vamos con la ilusión de ver este campo de fútbol y entonar como uno más el mítico ‘You never walk alone’. También vamos a dar un último empujón al Atlético de Madrid, un Atleti desconocido, capaz de lo mejor y de lo peor, que está a las puertas de una final Europea, la segunda de su historia.


En mi caso no tengo recuerdos gloriosos del equipo del que soy socio desde hace algo más de ocho años. De pequeño nunca tuve gran interés por el fútbol y la liga y copa ganadas en 1996 se me quedan lejos de la memoria. Catorce años han pasado desde entonces, casi década y media de luces y sombras, de descensos, de mitad de tabla, de dorsales desconocidos y rencores enfermizos hacia el vecino porque, cuando no te gusta lo que tienes en casa, criticar al de al lado es lo mejor que se puede hacer.


Mañana el Atleti tiene una oportunidad de oro para dar un paso al frente y luchar por hacerse un hueco en la Europa futbolística actual. Muchos pensarán que la Europa League es una competición menor, sin embargo a todos ellos les invito a que piensen por qué el Sevilla es un conjunto importante en Europa a día de hoy. Todo comenzó con dos UEFAS, luego llegó lo demás, que no es poco.


De fondo estará Anfield, un campo bien conocido por los rojiblancos, una especie de meca futbolística entrañable para el colchonero de a pie que se identifica y vincula con el conjunto ‘red’. Y yo no sé por qué será esto: tal vez por Fernando Torres; tal vez porque son dos históricos que en ocasiones recientes se han venido a menos o quizás por el rojo de las rayas atléticas y la elástica del Liverpool. ¡Qué sé yo! Tampoco hacen falta más motivos.

Mañana hay que sacarse una foto con Anfield de fondo. También un video con el “You never walk alone”. Hay que dar un paseo por Anfield y guardarlo bien en la memoria porque en un par de años dejará de existir. Yo, para fundirme con el ambiente, ya he echado en la maleta la camiseta del Liverpool con el 9 de Torres a la espalda. Cuando comience el partido me cambiaré de camiseta cual chaquetero profesional. Ahí ya no habrá amigos.

Y es que, si algo aprendes con el Atleti, es que nunca te puedes casar con él. Suele ser un amante esquivo y traicionero, pero esta vez quiero creer que la historia tiene un final feliz y si no es así nos veremos en Barcelona.

viernes, abril 09, 2010

Tres motivos para odiarme

Me he prometido a mi mismo que me voy a portar bien. Que, de entre el infinito abanico de borderías que se me pasarán por la cabeza cuando llevemos más de dos minutos y medio de conversación, intentaré no soltarte ninguna. Tal vez lo haga de forma sutil. Casi imperceptible. Me guardaré el aguijón para mejor ocasión porque soy escorpio; nunca lo he negado y siempre mi aguijón está al descubierto diciendo un "podemos jugar a ser amigos, pero cuidado".

Cuando se repartieron los papeles de el Bueno, el Feo y el Malo llegué tarde. Estaba en un atasco; un retraso imperdonable. A mi favor saco que no soy físicamente difícil de ver y no voy de ángel de nadie y, ya de paso, que no me gustan aquellos que no han roto un plato en su vida y alardean de ello. Desde que el hombre es hombre todo ha sido una lucha por la vida (por cierto, uno de mis libros favoritos, de Pío Baroja), lo que pasa es que con el tiempo el combate se ha vuelto menos cruento y en teoría más civilizado.

Y finalmente aquí estamos frente a frente, espalda a espalda o codo a codo, como quieras ponernos dependiendo de la situación. Tengo preparada mi mirada más punzante y mi acritud manifiesta pero en el fondo sé que he perdido de antemano porque, lo quiera o no, el tiempo no deja de ser un depredador implacable que antes o después vendrá a por mi. Y contra eso... ahí sí que no podré hacer nada de nada.